La Esperanza y la Utopía después de la desideologización
Entre la Revolución de Octubre y Seattle.

Pável Blanco Cabrera

El próximo 24 de diciembre harán diez años de que la bandera roja con la hoz y
el martillo fuera retirada del Kremlin en Moscú. Con ese momento se sello la
avalancha de procesos que liquidaron las experiencias del Socialismo Real y se
asentó en el plano del pensamiento la tesis del fin de la historia y las
ideologías, del fin de la lucha de clases y por supuesto de toda posibilidad de
cuestionar y transformar el mundo y la realidad. El muro de Berlín cae no tan
solo contra las organizaciones comunistas y  los partidarios del socialismo sino
sobre los demócratas y progresistas, contra los librepensadores y todos aquellos
que no comparten la exclusión e injusticias.
Simultáneamente a este asalto a la razón, a este secuestro de los pensamientos
por el pensamiento único, la revolución científico-técnica se potencia, una
cascada de aplicaciones de la microelectrónica, la biotecnología, la
robotización, modifican la producción y las comunicaciones. Un viejo proyecto
militar que permitiría la comunicación entre mandos militares separados por la
distancia en caso de conflicto nuclear se transforma en un servicio público que
permite correspondencia e información instantánea. Todos estos procesos están
caracterizados por la velocidad, sus repercusiones por igual. Tal es el fenómeno
de la interdependencia económica entre las naciones que se rigen por el
neoliberalismo, en cuestión de segundos una transferencia financiera puede
desestabilizar la economía de una nación o región y fortalecer artificialmente
la de otros.
En este lapso histórico la miseria  y el numero de pobres aumentaron, la
marginación sexista se elevo, y todo ello reconocido por los funcionarios del
Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial. Ahora no hay enemigo al
frente a quien responsabilizar, el fantasma del comunismo no puede ser utilizado
por la maquinaria de propaganda para distraer a la opinión pública de sus
problemas fundamentales. La evidencia de la responsabilidad de las
multinacionales y de los centros financieros es mayor y una revuelta se gesta
contra la intención de hacer del genero humano la más prescindible de las
mercancías.
 La aparición del EZLN y su discurso antineoliberal y a favor de la diversidad;
Los gritos de diferentes lugares, destacadamente el de la literata francesa
Viviane Forrester y su libro El horror económico,  han venido ayudando a
construir una alternativa al orden mundial. Se dice, la humanidad no es una fría
estadística, se denuncia el neomaltusianismo, el resurgimiento del fascismo, del
gran hermano, de 1984, la demagogia discursiva a contrapelo del fin del trabajo,
a la concentración del poder se responde con redes, se va gestando el Pueblo de
Seattle, pero entre esa avalancha contra el mundo en blanco y negro, por un
mundo multicolor se filtran también falsas opciones que pretenden retocar tan
solo, que dicen cambiar mucho y que no cambian nada, la izquierda del sistema,
son los mismos que engañaron y reprimieron a los obreros insurrectos en Alemania
en la oleada revolucionaria que arranca en 1919, los que asesinaron a Rosa
Luxemburgo y Karl Liebknecht, los que permitieron la oscura noche del fascismo,
los Felipe González, los Toni Blair, los Beltroni y los D'Alema, que proponen en
su tercera vía democratizar una sociedad sin afectar al mercado, humanizar el
régimen de la propiedad privada; Su respaldo a una concepción de derechos humano
a la que lo mismo  da justificar la entrada en acción de las tropas de la OTAN,
que una bomba inteligente que cae muy lejos de su destino masacrando civiles.
Entre las alternativos, tener claridad es una cuestión clave. Ahora mismo hay
tres sectores definidos y un sinfín de espacios donde se desarrollan.
El primero de estos sectores, tiene como referente a ATTAC, a Naomi Klein,
autora de No logo, periodista independiente de Canadá, quienes en cuya denuncia
al Mc mundo aterrizan en propuestas, digamos parecidas, a la llamada tercera
vía. Por ejemplo, la tax Tobin, que consiste en regular  las transferencias del
capital financiero, que no eliminarlas, con un impuesto mínimo, que contribuirá
a solucionar problemas de pobreza. Es el mismo caso en la solución al problema
asfixiante de la deuda externa donde su más radical propuesta consiste en la
condonación de la deuda a los países más pobres. Sin querer incurrir en
extremismos que en nada contribuyen, hay que decir que en ambos ejemplos existe
una premisa que hace concesiones, que concilia, que justifica el orden
neoliberal: es decir admitir, legalizar la libre circulación de capitales, como
si fuera un fatalismo, un hecho irrevocable, inmodificable; en el caso de la
deuda externa es olvidar la caracterización de moralmente incobrable e
impagable, reconocer las deudas, como si no fueran instrumentos de dominación
impuestas a los pueblos con la complicidad de los gobiernos. En general con los
compañeros de este sector se desarrolla una polémica, que se agudiza a propósito
de los acontecimientos del 11 de septiembre y la agresión imperialista sobre
Afganistán, pues consideran que hay que mantenerse en el bajo perfil, cuando lo
lógico es que con toda la autoridad mediática y de opinión pública conquistada
desde 1999 el movimiento antiglobalización neoliberal se transformara en
poderoso movimiento por la paz.
Otra ala del movimiento es la que preconiza la acción directa, en forma es el
pensamiento anarquista de Bakunin y Kropotkin, afectación de los intereses del
capital en cada batalla, los vemos quemando los Mc Donalds o enfrentando
heroicamente a las fuerzas del orden burgués, cada batalla es la final, el
capitalismo mata, matemos al capitalismo es su divisa y su proceder, pero padece
de las limitaciones organizativas demostradas ya por los debates históricos con
el marxismo. Las barricadas no van acompañadas de una propuesta programática.
El otro sector se manifestó claramente en Génova, el movimiento de los partidos
comunistas, que tiene razones de más para situarse en estos espacios en disputa,
por su clara posición anticapitalista, internacionalista y una alternativa clara
para terminar con la explotación de los trabajadores y de los pueblos. Marx y
Engels ya en el Manifiesto del Partido Comunista y en otras obras como los
materiales preparatorios de El Capital describen el fenómeno de la globalización
y la automatización de la producción  y anticipan la transformación del mundo y
el sujeto que hará posible lo imposible, la clase obrera. Su aporte en el plano
organizativo ha quedado demostrado y sin embargo el enriquecimiento ideológico
al movimiento tiene que probarse por los cuestionamientos claves que hay a su
discurso: sujetos emergentes; incredulidad generalizada a la organización, a los
partidos; la cuestión del poder y el reivindicar al socialismo como un nuevo
humanismo, potenciándolo frente a la intención de convertirnos en números, en
estadística.
Un elemento del discurso que tenemos que superar, es el de que hay que oponerse
a la globalización, si bien admitir el juego de palabras que se va presentando,
lo que es claro que la mundialización va en un sentido progresista si participan
los pueblos. La Revolución Cubana apostando por ello esta desarrollando la
globalización de la solidaridad y la esperanza, con hechos concretos, y un caso
es el de la Escuela Latinoamericana de Ciencias Medicas que generara 10000
médicos en diez años, jóvenes que en nuestros países no tienen oportunidad de
estudio son becados a pesar de las dificultades de Cuba por el bloqueo. Fidel
Castro encabeza ideológicamente esta batalla para que no se globalice el
apartheid o el fascismo, sino el hombre nuevo